viernes, 8 de abril de 2011

Serotonina.

Quedar suspendido en el agua es lo más parecido
a romper las leyes de la gravedad. Para crear hay
que destruir. 

Orión. 

En algún punto exacto del mapa se encuentra, y sí, yo desconozco cuál es ese punto. ¿Puedes encontrar a una persona sin saber realmente dónde está? ¿Puedes conocer a alguien sin haberle visto nunca el rostro, sin haber oído el timbre de su voz? Es extraño, porque la mayoría de la gente no se fija en ninguna de estas cosas, no se detienen a escuchar a que suenan las palabras, a que recuerdan unos ojos, a dónde arrastra un aroma, y que historias narran los gestos silenciosos. Quizás sean tonterías, pequeñeces, y no representan la esencia ni mucho menos, pero hablan en el silencio, expresan a gritos aquello que las palabras intentan evitar.
Es extraño porque, apareció de la nada y sin avisar, como surgen las grandes ideas. Llegó sin presentaciones convencionales, cuál amigo que regresa tras un largo período de ausencia, un amigo al que le abres la puerta y todo continúa en el punto exacto en que se quedó, con un largo  camino ya recorrido. Sin preguntar nombre, edad, residencia, y otras tantas superficialidades, empiezas a hablar de: visiones de futuro, proyectos que tienes entre las manos, intentos de entrelazar filosofía y medicina, vergüenzas difíciles de superar, estados anímicos, introspecciones rodeadas de un aura de irritabilidad, decepciones ante una vasta y cruda realidad, la soledad y desesperación que se apoderan de ti cuando miras alrededor y sólo ves clones de la sociedad, dopamina, agua... Y sí, sin saber quien es, donde está, o que historias narran sus facciones, puedes intuirlo, porque empiezas por la esencia y no por la máscara, comienzas el proceso a la inversa, desde dentro hacia fuera, llevando la contraria al mundo. Conoces primero la mente, que es lo que define a las personas, aquello que más habla de un individuo. Puedo hacerlo porque realmente hay una voz que contesta mis inconcluencias, porque hay una mente que me habla y no es un simple convencionalismo el que me responde. Alguien que haya visto el mundo a través de unos ojos cómo los tuyos, y no le hagan falta explicaciones, que conozca a la perfección la sensación. Así descubres, sin esperarlo, que a pesar de moverte por un mundo inerte y carente de sentido a tus ojos, no eres el único vagabundo errante que vaga por el planeta, que hay más haces de luz moviéndose por la densa neblina, y ¿que pasa cuando encuentras a uno de esos halos?, que iluminan. Toc, toc, ¿hay suerte?

Cadenas con sabor a libertad.
M.F.P.

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