martes, 23 de agosto de 2011

 φιλοσοφία

Duele sentirse traicionado. Duele darse cuenta del dolor infligido a aquellos que únicamente buscaban tu bien. Duele asimilar el error cometido, ver lo equivocados que estábamos. Duele saber que la ignorancia puede con la sabiduría, que el juego sucio vence la honestidad. Duele ver que el baremo en la sociedad es erróneo. Duele ver que nadie se da cuenta de ello o que a nadie le importa. Duelen tantas cosas. Schopenhauer estaba convencido de que la filosofía surge del dolor de la existencia, dolor que se mitiga con una vida serena y meditativa. ¿Podemos realmente llegar a dormir todo ese dolor algún día? ¿Lo consiguió este gran sabio? ¿Lo conseguiré yo alguna vez? Y cuando hay dolor lo único que puedes hacer es llorar, llorar por sentirte impotente, culpable, egoísta, estúpido y pequeño, muy pequeño en el infinito. Creo que es ahora cuando realmente empieza la metamorfosis.

Metamorfosis
M.F.P

martes, 5 de julio de 2011


¿Porque ese intento por salvar un pez? ¿Hubieras hecho lo mismo por cualquier otro? ¿Es el pez lo que querías salvar? ¿o le habías dado un símbolo e intentabas salvar lo que simbolizaba? Cómo si salvando su vida pudieses salvar una amistad, recortar distancias, detener el tiempo... no guardan relación alguna. Si el animal muere no se destruye ningún lazo. Yo casi caigo en el mismo error por pura inercia. Es por esto que a mí no me gusta darle un símbolo a algo que perece.

En la distancia y de imprevisto me he dado cuenta de cosas obvias que no he visto estando cerca. Y es que hay veces en que la lupa a pesar de permitirte ver los detalles, te oculta el contexto, y hay cosas que ocurren simultáneamente y que te pierdes. Muchas cosas se perciben mejor a simple vista. Sé que rehuyes ciertas situaciones por fantasmas del pasado, por miedo a que vuelva a suceder. Sé que tienes miedo a ir acompañada sobre dos ruedas porque ese 23 de junio, ese San Juan lo tienes grabado en la piel. Todo estaba ahí. El pasado estaba ahí, la situación también, pero no he sabido verla, no se me había ocurrido unir el sujeto con su predicado.

Las distancias también tenían pleno sentido, aunque no lo hubiera visto. Debo confiar más en mi misma, si un día las establecí debió ser por algo en concreto. Un error en el que he caído: olvidado el motivo, las restricciones no tienen validez. Las mantenía porque el acortarlas iba necesariamente seguido de una repulsión hacía el más y menos infinito respectivamente. Ahora, en mi lado del infinito lo veo claro. La unidad no volverá a romperse. Los decimales no deben existir.

En el mar hay muchas respuestas y el viento es el elemento idóneo para renovar los pensamientos. El sol te molesta cuando tu estado de ánimo no contempla luz, pero hundirte en las profundidades marinas y mirar hacia la superficie lo soluciona. Todo se puede atenuar, hasta demasiada vitalidad. La desorientación me gusta. Me gusta sentirme tremendamente desorientada en el fondo del mar, cogiendo arena en la mano y sintiendo que los pulmones me oprimen el pecho. Me gusta cuando el aire me gana la batalla y sale atropelladamente de mis pulmones, como una gran explosión tras demasiada opresión. Y me encanta más aún coger una gran bocanada de aire en la superficie. Cada vez que repito el proceso siento que vuelvo a renacer.   Me gusta mucho renacer. 

El objetivo era depender únicamente de uno mismo, ser dueño de las circunstancias, ser tu único pilar. En un momento determinado, sin darme cuenta dejé de aplicar la teoría a la experiencia. Tenía el concepto presente en todo momento, cómo para no olvidarlo, pero no lo aplicaba. Fue precisamente una frase tuya la que hizo la función del cubo de agua fría en la cabeza. No depender de nada externo a ti. Esa es la cuestión, esa fue siempre la cuestión pero me desvié del camino y ahora he tenido que volver a empezar. No me importa tener que volver a empezar, aunque los principios sean siempre duros, pero no me molesta porque así podré prestar atención al desvío y esquivarlo esta vez. Tras la experiencia todo suele ser más sencillo. Ya no caminas por lo desconocido, tienes un punto de referencia.

Metamorfosis
M.F.P.

martes, 28 de junio de 2011


Sólo puedo ver cómo quieren embotellar ese alma libre. Me giro y observo cómo intentan atraerlo hacia la botella, engañándolo cuál niño al que le ofreces caramelos. Me dolería mucho verla presa sin poder volar. Tanto que o me alejaría para dejar de contemplar tan infausto espectáculo o me acercaría más que nunca a esta botella para hacerla añicos y liberar ese esencia que encierra. No te engañes, el recipiente no te protege ni mucho menos. Ese aislamiento no hará que te recompongas, sólo te atará. Y tú no sabes (no debes) vivir cautiva, eres un alma libre. 

Mensajes ambiguos. ¿Por qué no damos una respuesta tajante? Porque no querremos cerrar puertas, eliminar posibilidades. No es lo que deseamos, pero en el caso de que no obtengamos lo que realmente necesitamos, siempre tendremos la posibilidad de... ¿Pero esa posibilidad nos hará realmente felices? Todos conocemos la respuesta. No. No nos proporcionará ni felicidad, ni satisfacción, ni crecimiento personal, ni nada. No podrá ofrecernos absolutamente nada porque no es lo que queremos, lo que anhelamos. Y nos encontraremos a nosotros mismos buscando en la posibilidad todos los rasgos de lo que en realidad queremos, y no los encontraremos. Vemos pues que esto sólo puede aportarnos resignación, desdicha y un continuo deseo insatisfecho. ¿Porque no enfocamos todos nuestros esfuerzos a conseguir lo que queremos? ¿Porque no nos volcamos al cien por cien? ¿Porque damos algo por perdido antes de haberlo conseguido? Por miedo, por cansancio, por comodidad, para no sufrir... son muchas las respuestas, pero llegará un momento en el que todo esto desaparecerá, porque todos sabemos que las emociones desaparecen con el tiempo, y lo único que nos encontraremos será esa ausencia. Y vagaremos por el mundo buscando un algo que no sabemos que es, hasta que nos daremos cuenta de que en todo buscamos rasgos de lo que un día quisimos y perdimos. Lo que realmente buscamos es precisamente eso. ¿Podremos vivir con ello?


Metamorfosis
M.F.P.

lunes, 27 de junio de 2011


"C'est la vie." Odio esa expresión. Mucho. Muchísimo. Me parece una forma de excusarse de todo lo que acontece a nuestro alrededor, cómo si todo estuviera ya maquinado de antemano, cómo si nada pudiéramos hacer. Es una forma de resignarse ante la vida, y sé la persona que la utiliza es consciente de que somos nosotros quien decidimos dar cada uno de los pasos que nos acerca a nuestras metas. Hoy he escuchado demasiadas cosas que ya intuía pero prefería no asimilar. Me he estado cegando intencionadamente. Lo siento, pero no puedo asumirlo. No sé cómo. Por primera vez no sé cómo encajar un golpe, este golpe. Creo que vuelvo al estado de colapso mental. Todo entra atropelladamente en la cabeza, pero se queda en un punto estanco sin ir a ninguna parte para poder ser procesado. Colapso mental. O quizás colapso vital, quién sabe. A quién le interesa saberlo ya. Voy a dejar de intentar entenderlo porque no puedo. Odio que seamos incapaces de asimilar nuestros errores. Lo odio. Decide lo que quieras pero atente a las consecuencias. 


¿Que puedo hacer? Desaparecer o intentar que asuman las consecuencias a martillazos. El tiempo es un perfecto analgésico y la distancia un buen oxidante. Huir me parece una muy dulce salida. Además de fácil. Ahora me es más fácil que nunca huir. Odio también descubrir que se cumple lo que Schopenhauer decía: "Muchas veces las cosas no se le dan al que las merece más, sino al que sabe pedirlas con insistencia." Me parece triste, triste para el que las recibe por insistir y no por merecerlo. A la mierda los valores. ¿Para qué? Si no existen. Tú tienes los tuyos, pero es algo que no te aporta demasiado, sólo tienes las de perder. En este mundo sólo sobreviven las lagartijas. A pesar de todo voy a seguir con lo que soy hasta el final, lo llevaré al extremo aunque ello suponga mi perdición. Vivo porque creo en algo, porque defiendo algo. Vivo por algo. Si no tuviera unas convicciones viviría para saquear. Dije un día que jamás daría la vida por un ideal. Es cierto, no lo haría, pero los defenderé como mejor pueda porque los he forjado yo, y son parte de mí. 

Voy a borrar las huellas que conducen aquí. Quién conoce el camino puede seguir viniendo. Quien no lo ha recorrido, ya no podrá hacerlo. Ya no quiero que nadie lea esto, quizás Alba sí pero tampoco estoy segura. De momento voy a escribir sólo para mí. Necesito entender demasiadas cosas. O quizás deje de escribir. Intentaré volver a la autoculpable minoría de edad, espero saber cómo. Espero que sea posible. Un día hablé con Alba sobre esto, y también con Orión. Alba estuvo de acuerdo conmigo en que seguramente siendo mayor de edad te alejabas terriblemente de la felicidad. La ignorancia evita el dolor. Orión en cambio me dijo: "Ese dilema es grave, yo opino como tú, el conocimiento no lleva a la felicidad y el fin ultimo es ese. Elige entre vivir como una ignorante feliz, o como una profunda persona que no sabe si es feliz. Pero tu comprensión ayudará a otras personas (pocas) que conocerás, y entenderás como se sienten." 

Voy a dejar de pensar por hoy porque no me gusta en absoluto el rumbo ni las conclusiones. Espero que el sueño me haga recapacitar y mañana decida hacer borrón y cuenta nueva. 

Aprecio que no me quieran cortar las alas y me dejen volar. Recorreré el mundo entero. Toda la atmósfera terrestre. Pero nunca sabré si he volado porque realmente quería volar o porque al darme la libertad para llevarlo a cabo he sentido la obligación de hacerlo.

Metamorfosis
M.F.P.

martes, 21 de junio de 2011


¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¿Porque no puedo alejarme sin más? ¿Porque no puedo embotellarlo todo y simplemente sentarme a observarlo como un espectador atento ante una representación monumental? ¿Porque conoce mis gestos? Así no se puede tener intimidad. Yo estudiaba su personalidad, y le conocía a fondo para poder adelantar cualquier necesidad, deseo, reacción, o conclusión y ya está. En el trato no entraba mi persona. Entre mi y el mundo debía seguir existiendo esa cortina de humo que no permitiera ver nada. Entre mí y todo el mundo, sin excepciones. No me molesta ser transparente para ella, o eso creo. Me resulta incómodo porque yo pierdo control sobre mi misma, sobre mis emociones, sobre todo. Ya no puedo decidir que mostrar y que no, porque se percata de ello antes de poder ocultarlo. Ya no puedo inventarme a mi antojo porque ya no puedo desechar nada a decisión. Cada vez los silencios son más largos, y mi respuesta a los interrogantes más tardía. Me quedo pensativa constantemente, me escondo dentro de mi misma para poder tomar allí las decisiones, oculta, intentando que no asome ninguna emoción. Que ningún gesto revele nada en mi rostro, nada de lo que llevo dentro. 

A pesar de todo me pilla desprevenida. Y no puedo más que decirle una verdad que ya conoce, pero que prefiere oír de mi boca. Es en esos instantes cuando me gustaría huir. No tener que contestar. No tener que poner las cartas sobre la mesa, porque quedarte a pecho descubierto en el campo de batalla te hace sentir vulnerable. Hoy creo que es la primera vez que me veo contra la pared. Nunca antes había contestado ninguna pregunta que yo no quisiera contestar. Mi capacidad de evitar el tema en cuestión y conseguir desviar la atención y el rumbo de todo era inmensurable. Llegaba a donde yo quería y cambia el rumbo cada vez que lo sentía necesario. No sé cómo pero hoy se me ha colado. No estaría en guardia, quién sabe. Pero no me gustó, no controlar mis circunstancias es cómo una jarra de agua fría en la cabeza. Mierda. ¿Como puede atravesar todas mis barreras? Habrá que reforzarlas. Sí, al irme le echaré de menos. Muchísimo. Que sea una de las razones por las que me quiera quedar, sin lugar a dudas. Pero no puedo depender de las personas, los lugares o el futuro, porque si algo desaparece todo lo demás caerá detrás. Estoy trabajando en ello. Nada de esto puede ser la base, yo debo ser todos y cada uno de mis pilares. Puede que esto me condene a la individualidad, o soledad. Puede, pero toda seguridad exige un sacrificio y depender de algo ajeno a ti es muy inseguro, es cómo volar sin paracaídas. Ya veré que hago.

No quiero ser la duda que aleje a nadie de su meta, de aquello que quiere. No quiero que mi paso por vidas ajenas cambie nada en ellas. Las personas van y vienen y no puedo asegurar mi eterna presencia. Ahora quiero estar aquí porque todo está en su justa medida. Esto es la perfecta combinación de todo. Es armonía y lo necesito. Y si algún día tengo que desaparecer lo haré en silencio, sin llamar la atención, e intentaré que nadie se percate de mi ausencia. Quiero que todo siga igual, irme cómo he llegado, por dónde he llegado y dejarlo todo como estaba antes de haber hecho acto de presencia. Y para ello necesito pasar desapercibida. 

Puede que a veces queramos cosas para las que no estemos preparados. Pienso que llegado ese momento, a pesar de saber que podemos conseguirlas, es mejor no pedirlas. Si llegan a mi, bendita mi suerte. Si pasan por mi lado, no se me ocurriría jamás girarme y hacerles desviarse de su rumbo para atraerlas a mí. Todo rumbo debe ser tomado por el capitán del barco a su antojo y parecer, no por peticiones de los camaradas.
Metamorfosis
M.F.P.

lunes, 20 de junio de 2011


Lo he llamado Metamorfosis porque va a suponer un cambio en todos los sentidos. En la forma de escribir porque voy a dejar las metáforas aparcadas, aunque todo esto no deja de ser una gran metáfora que ni tan siquiera yo sé lo real que es o deja de ser. Hablando de metáforas, en cuanto lea "La metaforología como forma de filosofía" seguramente podré acabar de perfilar esta pequeña sociedad, y definir así la relación que guarda o deja de guardar con la realidad. También va a suponer un cambio en el tono. Va a ser más sincero, no ocultará ninguna emoción. En cuanto a eso me gusta que sólo Alba se pasee por aquí, porque sé que ella, mejor que nadie puede entender cualquier necesidad por muy extraña que sea. Sólo ella puede entender como una necesidad natural el sentir una ciudad, sus calles, saborear su atmósfera y vagar por sus más recónditos rincones. Recuerdo que varias veces le enseñé el camino a Asia. Quería tenerla aquí, para que lo entendiera todo mejor, para que encontrara respuesta a los interrogantes que siempre dejo flotar en el aire. Me alegro mucho de que nunca decidiera salir a pasear para llegar hasta aquí. Ahora mismo me resultaría incómodo. Me resultaría incómodo porque ya no busco que nadie entienda nada, sólo quiero entenderlo yo todo. Es una forma de hablar conmigo misma y asimilar mis cambios. Y no quiero que gente muy cercana a mí siga mis progresos. Vivir en una gran ciudad es agradable porque nadie sabe quien eres, de dónde vienes o a dónde vas. Y resulta que ser un completo desconocido que vive entre desconocidos es muy cómodo. Seguro que Metamorfosis lleva más cambios aparejados, pero sé que irán saliendo por sí solos.

Metamorfosis
M.F.P.

domingo, 19 de junio de 2011


"¿Siempre has sido tan feliz?" La pregunta me pilló desprevenida. En ese instante me sentí desnuda, desprotegida, transparente. Si alguien hubiera mirado en mi interior hubiera visto todos los rincones de mi alma. Creo que no contesté. Respondí con una sonrisa y agradecí que nadie se percatara de la pregunta y siguieran con la conversación como si nada. Lo recuerdo todo borroso, en un continuo remolino, hasta tal punto me desequilibró la pregunta. En realidad no sé si alguien más la oyó, pero si lo hicieron no le dieron la menor importancia. Lo vi en su cara, se quedó mirándome unos instantes y lo preguntó con la mirada de aquel que ha aprendido como funciona la vida a base de chocarse con la pared. Me miró con una sonrisa en los labios, cómo diciendo que sabía cual era la razón de mi reciente y permanente felicidad. También se dio cuenta de que me había quedado al descubierto. Se rió y no insistió. Fue más bien una pregunta lanzada al aire para que yo lo meditara. Instintivamente quise mentir, decir "sí, siempre". Hacia muy poco vi un DVD de mi infancia. No esperé ver en absoluto lo que percibí. La cámara enfocó a una niña seria, con una sonrisa fingida, una postura recta, forzada y las manos en la espalda. La imagen me impactó porque no reflejaba en absoluto la felicidad que debería irradiar la inocencia infantil. Por eso nunca recuerdo mi infancia cómo la mejor época de mi vida. Por eso cada vez que le dicen a un niño disfruta mientras puedas porque en cuanto crezcas empezarán los problemas yo siempre me revindico, y defiendo que crecer es increíble, que la libertad que tengas cuando crezcas será la más dulce adquisición que tengas.

Este es el tipo de preguntas que nunca esperas que te hagan y que siempre te pillan por sorpresa. De hecho me ha vuelto a coger por sorpresa. Estudiando el eje cronológico del amor, la pregunta ha resonado con fuerza en mi cabeza, y la sensación ha sido la misma que la primera vez. No sé que la habrá hecho saltar, estaba leyendo sobre Casanova, un hombre que de niño fue abandonado por su madre, y al que siempre le negaron el cariño y el amor. Cuando llegó a la edad adulta conquistaba mujeres por doquier, y se interesaba por ellas hasta que quedaban completamente enamoradas. En ese instante, las abandonaba como lo abandonaron a él. Es una forma de vengarse del mundo, de la vida. Casanova nació en Francia, y simpatizó con Voltaire, y otros filósofos de la época. Vivía la vida sin visión de futuro alguna. Se desenvolvía de forma locuaz en cualquier contexto. Y al final de su vida dijo : "No lamento nada." Supongo que la relación entre amabas infancias ha sido lo que ha permitido que la pregunta volviera a hacer acto de presencia.

Ahora me pregunto, ¿es el amor lo que nos da esa felicidad? ¿la amistad quizás? ¿la libertad? o ¿el haber conseguido moldearnos a nosotros mismos a nuestro antojo? Quiero hablar un día del amor, nunca le he dedicado demasiadas lineas, y es muy complejo. En cuanto acabe el libro lo haré, así mi perspectiva será más amplia.

Metamorfosis
M.F.P.